Se corrige desigualdad castigando solo al comprador; reforma prevista para sesiones parlamentarias de otoño
Se deja fuera del proyecto la penalización del acto mismo de compra de sexo
El Gobierno de Japón impulsa una reforma para extender las sanciones por solicitar servicios sexuales en la calle hacia quien compra, no solo hacia quien vende, tal como establece la ley vigente. La legislación actual castiga a quienes esperen clientes o hagan publicidad de servicios sexuales en espacios públicos, pero no contempla sanciones equivalentes para quienes les proponen esos servicios. Esta reforma busca corregir esa desigualdad modificando una ley de prostitución promulgada hace 70 años. Sin embargo, se prevé que la penalización del acto de compra de sexo en sí mismo quede excluida de esta enmienda.
Según informó el diario Asahi Shimbun el 24 de agosto, el Ministerio de Justicia japonés presentó ese día un informe preliminar ante una comisión de expertos que discute la reforma de la Ley de Prevención de la Prostitución. El ministerio coordina la aprobación de un informe final en septiembre para presentar el proyecto de reforma ante las sesiones parlamentarias extraordinarias de otoño.
La Ley de Prevención de la Prostitución, promulgada en 1956, prohíbe el comercio sexual pero no castiga el acto en sí. En cambio, sanciona conductas relacionadas en espacios públicos, como la publicidad, la espera de clientes, la intermediación, la gestión y el suministro de lugares. Específicamente, quienes solicitan servicios sexuales o esperan clientes con ese fin en espacios públicos enfrentan hasta seis meses de prisión o multas de hasta 20.000 yenes (aproximadamente 174.000 pesos). Sin embargo, estas sanciones se aplican únicamente a quien vende servicios.
El informe presentado refleja la opinión de expertos sobre la necesidad de corregir esta desigualdad legal. En consecuencia, se propone establecer nuevas disposiciones penales para quien propone servicios sexuales en espacios públicos. También se incluye la posibilidad de aumentar el límite actual de la multa de 20.000 yenes.
Esta desigualdad se ha evidenciado de forma particularmente clara en el barrio de Kabukichō, en Shinjuku, Tokio. De acuerdo con el diario Nikkei (Nihon Keizai Shimbun), la policía metropolitana informó en marzo que el año anterior había detenido a 112 mujeres (conteo acumulado) sospechosas de esperar clientes con fines de comercio sexual en el parque Okubo y sus alrededores en Kabukichō. Estas mujeres son conocidas como "tachinbo", término que significa "personas que permanecen de pie" y que originalmente se refería a trabajadores jornaleros, pero ahora designa a mujeres que se dedican al comercio sexual esperando clientes en las calles de zonas de entretenimiento. Estas detenciones se basaron en la conducta de esperar o solicitar clientes en espacios públicos. Sin embargo, ninguno de los hombres que les propusieron comprar servicios sexuales fue sancionado conforme a la misma disposición legal.
Se determinó que aproximadamente el 40% de las mujeres detenidas había acudido a la calle para obtener recursos destinados a gastos en clubes de entretenimiento y establecimientos similares. Las exigencias de reforma legal comenzaron a intensificarse a partir de 2023, cuando se evidenció como problema social el caso de mujeres jóvenes endeudadas con sumas importantes en clubes de anfitriones de dudosa reputación, viéndose obligadas al comercio sexual para pagar deudas. Esta situación generó cuestionamientos sobre por qué solo se detenía a mujeres que esperaban clientes en la calle. En el Parlamento también surgieron llamados para reformar la ley, con críticas que señalaban una "estructura distorsionada en la que solo se detiene a mujeres forzadas a vender sexo". Como resultado, la Primera Ministra Sanae Takaichi instruyó una revisión de la Ley de Prevención de la Prostitución, y el Ministerio de Justicia estableció en marzo una comisión de expertos para examinar opciones de mejora institucional.
No obstante, esta reforma mantendrá las sanciones por conductas de publicidad y espera de clientes de quienes venden servicios. Aunque hubo demandas para eximir de castigo a personas forzadas al comercio sexual por dificultades económicas o explotación, los expertos consideraron problemático excluir a todas las personas del régimen de sanciones independientemente de las circunstancias que las llevaron al comercio sexual. En su lugar, se estudia la posibilidad de que en la determinación de sanciones penales y penas se consideren adecuadamente las circunstancias que condujeron al comercio sexual, la situación económica de la persona y la necesidad de apoyo.
Organizaciones de apoyo a mujeres han presentado argumentos para penalizar el acto mismo de compra de sexo, más allá de la solicitud. Sin embargo, el informe señala que predominó la opinión de actuar con cautela. El argumento presentado fue que anular el consentimiento entre adultos en relaciones sexuales es difícil de justificar desde perspectivas teóricas y jurídicas. También se expresó preocupación por el hecho de que endurecer las sanciones podría provocar que el comercio sexual se vuelva clandestino, exponiendo a quienes venden a entornos aún más peligrosos y alejándolos del acceso a apoyo social.
* Este artículo ha sido traducido por IA.
