Un fenómeno conocido como "mirada fija de la Generación Z" —que describe a los jóvenes que responden a preguntas con una mirada vacía sin articular palabra— no sería únicamente un reflejo de diferencias generacionales, sino el resultado de una disminución real en la cantidad de palabras que los jóvenes pronuncian, según revelan nuevos hallazgos de investigación.
Según el Washington Post del 3 de septiembre, un estudio publicado en la revista académica "Perspectives on Psychological Science" (PPS) de la Asociación Americana de Psicología presenta estas conclusiones.
El término "Gen Z stare" —combinación del anglicismo que designa a la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2006) y la palabra inglesa "stare" (mirada fija)— se refiere al comportamiento de los jóvenes que responden a saludos o preguntas observando fijamente al interlocutor sin mediar respuesta verbal.
Este fenómeno se popularizó inicialmente en redes sociales estadounidenses, generando empatía entre la generación anterior. En las plataformas digitales proliferaron comentarios de adultos describiendo cómo los jóvenes los observan sin saludar ni mantener conversación cotidiana alguna.
Según el análisis de datos, entre 2005 y 2019, el promedio diario de palabras habladas por ciudadanos estadounidenses fue de 338 palabras, lo que equivale a aproximadamente 123.000 palabras anuales. Esta cifra representa una disminución promedio de 338 palabras diarias.
La reducción fue particularmente marcada en el grupo de menores de 25 años. Mientras que en adultos de 25 años o más el número de palabras habladas descendió un promedio de 314 palabras diarias, en jóvenes menores de 25 años la caída fue de 415 palabras.
Los investigadores atribuyeron parcialmente este fenómeno al incremento en el uso de redes sociales. Señalaron que "los jóvenes tienen mayor probabilidad de comunicarse a través de mensajes de texto y redes sociales", agregando que "cuando la comunicación verbal se desplaza hacia la mensajería escrita, es probable que los jóvenes hayan perdido más oportunidades de habla en comparación con adultos de mayor edad".
Esta investigación constituye un reanálisis de un extenso conjunto de datos recopilado por la profesora Valerie Piper, de la Universidad de Misuri-Kansas City, quien registró conversaciones cotidianas de 2.197 participantes con edades comprendidas entre 10 y 94 años.
Algunos especialistas advierten que este fenómeno no puede interpretarse únicamente como un cambio en las formas de comunicación. La conversación cara a cara requiere memoria de trabajo y capacidad atencional, pues es necesario escuchar, comprender el significado y preparar una respuesta simultáneamente.
En contraste, los mensajes de texto y correos electrónicos no requieren interacción inmediata, permiten tiempo para reflexionar antes de responder y generan una menor carga cognitiva. Además, al dejar constancia escrita, se reduce la necesidad de recordar la información verbalmente.
El avance tecnológico también contribuye a esta transformación. En la actualidad, al entrar en restaurantes o cafeterías, los quioscos automatizados sustituyen la interacción personal para realizar pedidos, y herramientas como ChatGPT y otros sistemas de inteligencia artificial generativa realizan búsquedas que van desde consultas sencillas hasta investigaciones complejas, reduciendo progresivamente las situaciones que requieren contacto directo con otras personas.
Carl Newport, profesor de la Universidad de Georgetown, señaló al Washington Post que "nuestro cerebro social interpreta dedicar tiempo y atención a alguien como una señal importante", agregando que "paradójicamente, conforme las actividades sociales se vuelven más sencillas, menos conectados nos sentimos entre nosotros y la sociabilidad se ve comprometida". Esta observación ilustra cómo la disminución de interacciones cara a cara está generando en la generación más joven un fenómeno de menor producción verbal.
* Este artículo ha sido traducido por IA.
